Esta pequeña que es como un trocito de cielo, de ahí su nombre, no ha conocido en sus seis meses más que la indiferencia y el abandono. Unas voluntarias de nuestra protectora la vieron vagando por un pueblo cercano a Zaragoza. Llevaba una cuerda atada al cuello. Este ha sido un duro verano en nuestra ciudad, con temperaturas superiores a los 40º y con fuertes tormentas por la noche. Imaginamos a nuestra pequeña vagando, con el  calor, bajo la lluvia y asustada por los rayos y truenos. Nos preguntamos quién es capaz de dejar a un ser indefenso en mitad de nada, atada con una cuerda a su cuello.

Al final, Celeste terminó acercándose a nuestras compañeras porque estaba muerta de hambre, y ellas la trajeron a nuestro refugio.

Estaba llena de parásitos externos que le estaban causando heridas en la piel. De hecho todavía le queda recuperarse de ellas, sobre todo en sus orejas.

A pesar de ello, por suerte, es una perrita sana. Sus analíticas han salido perfectas y ahora, a pesar que todavía le queda coger confianza, juega con sus compañeros y corretea por el refugio de un lado para otro descubriéndolo todo.

Celeste es nuestro trocito de cielo que entrecierra los ojos cuando la acaricias porque probablemente nunca nadie la había acariciado antes así. Apoya su cabeza en tu mano mientras sientes por ella una infinita ternura.

Es muy joven todavía, tiene toda la vida por delante y todo por aprender. Pero creemos que Celeste lo hará fácil porque es muy dócil y tiene muy buen carácter. Es una perrita muy buena. Se deja hacer y llevar sin ningún problema. Esta pequeña necesita un hogar donde olvidar el sufrimiento pasado y al que sabemos que será fiel y agradecida para siempre.

¡Ojalá muy pronto alguien le de la oportunidad de ser feliz. Suerte Celeste!

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