Pancho apareció en un pueblo cercano a Zaragoza hace unos seis o siete meses. Tenía aspecto de cachorro, era muy joven y andaba huyendo de un lado para otro sin sitio fijo, sin dejar que nadie se acercase a él. Una socia de la protectora lo vio y estuvo intentando seguir sus pasos durante todos estos meses. Al principio pensaban que tenía dueño ya que llevaba incluso collar, pero su aspecto delgado, descuidado y atemorizado les demostró que no era así.

Lo peor llegó cuando Pancho, que seguía sin dejar tocarse, fue creciendo, mientras el collar que llevaba le iba apretando cada vez más en el cuello ahogándole, pero Pancho no permitía que nadie se acercara a él para quitárselo. No se sabe si el mismo logró quitárselo o si se enganchó en algún sitio, el caso es que Pancho vagó durante días con una herida tremenda en el cuello, perdiendo mucha sangre y sin el collar. Durante este tiempo también fue atacado, al menos que sepamos con seguridad, por un perro. Eso acrecentó su miedo.

Sin embargo nuestra colaboradora, con ayuda, siguió sus pasos y trató de fijarlo en una zona poniéndole comida y agua. Eso permitió que poco a poco ganara su confianza y un día, en un descuido de Pancho, mientras entraba a comer en su cochera cerró la puerta. Pancho por fin estaba a salvo. Salió de allí para venir a nuestro refugio donde se recupera de todo este tiempo de abandono, miedo y tristeza. Estaba agotado, lleno de parásitos internos y externos, pero ahora se encuentra totalmente recuperado y, por fortuna, totalmente sano.

Lo primero que ves en Pancho es su triste mirada, una mirada que refleja todo el miedo que ha sufrido durante este tiempo. Sin embargo es un perro muy bueno y muy dócil, que no tiene un mal gesto en ningún momento y es muy cariñoso. Se muestra muy equilibrado con todos sus compañeros con los que le encanta jugar en el recreo y al que puede salir varias veces al día ya que no tiene problemas con ninguno, machos, hembras, grandes o pequeños.

Viaja muy bien en coche, ya que Pancho siempre se deja hacer. Aún es algo receloso con las personas, fruto de esa desconfianza adquirida durante los primeros meses de su vida. Apenas acaba de cumplir el año y ha pasado la mayor parte de su vida callejeando e intentando sobrevivir ¿cómo no va a serlo?

Todavía no anda bien con correa ya que la desconoce totalmente y le asusta pero con un poquito de paciencia, pronto conseguiremos que se acostumbre a ella.

Pancho enamora al primer momento porque es un perro esencialmente bueno, al que la vida dejó en manos de quién no le merecía. Sabemos, por experiencia, que este tipo de perros se recuperan rápidamente y agradecen indefinidamente cada momento de su nueva vida a quién les da la oportunidad de ser felices.

En algún sitio hay alguien que sabrá ver en Pancho el increíble perro que es y estamos deseando ver cambiar esa triste mirada en la de la felicidad que sabemos le espera.

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