Asociación para la Defensa y Prevención de la Crueldad contra los Animales
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A.D.P.C.A.
Historia de ADPCA
Historia de ADPCA

La historia de ADPCA es una historia de COMPROMISO INCONDICIONAL CON LOS ANIMALES y de una VOLUNTAD INQUEBRANTABLE.
La asociación fue fundada en 1981 por un, todavía entonces, reducido grupo de personas hartas de presenciar el abandono de perros y cansadas de contribuir pasivamente al triste final de casi todos ellos (muerte por  atropellos, envenenamientos, inanición, hipotermia, enfermedades mortales o eutanasia en los perreras municipales tras una, tan fugaz como improbable estadísticamente, posibilidad de adopción).

Pronto ganó adeptos - hasta los casi 800 socios de derecho y muchos otros colaboradores y simpatizantes actuales -   y sólo 3 años después de su fundación mereció ya la declaración oficial de entidad benéfica y de utilidad pública por el Ministerio del Interior, que nos honra y que esperamos seguir mereciendo durante muchos años más.

La trayectoria hasta hoy ha sido dura. La protección de los animales abandonados es una causa que no será nunca suficientemente reconocida por nuestros políticos ni apoyada por una sociedad demasiado anclada aún en tradiciones bárbaras consentidas, si no vitoreadas, por una mayoría cuando menos indiferente ante el sufrimiento animal por el simple disfrute humano.

El actual Refugio para perros abandonados y maltratados ubicado en el Zaragozano barrio de Movera no es de nueva creación. Ha tenido muy diversas ubicaciones desde sus orígenes: una pequeña parcela en Mediana de Aragón que albergaba pocos perros pero grandes ilusiones; una vieja casa de campo en la Carretera de Belchite cedida por un socio, que prácticamente se nos cayó encima; y una nave-almacén alquilada de escaso espacio donde permanecimos más tiempo del deseado y conveniente porque no reunía las condiciones necesarias, de la que fuimos expropiados finalmente. Nunca nada tan definitivo y consolidado, ni de tan alto coste económico y humano, como las instalaciones actuales, ( cuyo terreno pudo ser adquirido gracias al desprendido e importante donativo de una de nuestras asociadas más veteranas que, haciendo honor a su  generosidad, prefiere conservar el anonimato ) que permitieron en el año de su inauguración, 2001, mejorar la calidad de vida de los animales y las condiciones de trabajo de quienes de ellos se ocupan, y que han marcado  un hito verdaderamente importante en las historia de la Asociación, aportándonos una estabilidad y confianza nunca conocidas hasta entonces. Hemos de incidir especialmente aquí en la importancia de la labor de los voluntarios que con mucho esfuerzo y eternas jornadas “de sol a sol”, se dejaron la piel durante meses para levantar las instalaciones que hoy forman el Refugio de Movera, ya que para su construcción la Asociación únicamente invirtió en la adquisición del terreno y de los materiales de obra y la contratación de los pocos gremios profesionales que no se pudieron sustituir  con la empeñada labor de los voluntarios.

Hablar de la historia de ADPCA es hablar de un extraordinario vínculo de unión entre los animales recogidos y las personas que velan por ellos a diario; de maravillosas experiencias y de momentos amargos.

Durante los treinta años de existencia del Refugio han pasado por él cientos de animales. Muchos consiguieron una segunda oportunidad felizmente adoptados y llenaron de felicidad sus nuevos hogares; otros, al menos pudieron terminar sus días dignamente, lejos de las inseguridades y peligros de la calle, llenándonos de cariño y agradecimiento cada día de su vida.

Lo importante no son sus nombres (“Pluto” y “Tata”, inquilinos del antiguo Refugio de Belchite en los años noventa, todos bondad, que nunca pudieron ser adoptados, presas de un trauma psicológico crónico por los malos tratos recibidos en su etapa anterior; “Sol”, guardián del mismo Refugio, fuerte y amable al tiempo; “Pirata”, que ocupa ahora mismo una de las explanadas del actual Refugio de Movera, nos deja a todos boquiabiertos cuando lo vemos correr sobre sus únicas tres patas; “Nickie”, “Curro”, adoptados reciente y felizmente con toda garantía; nombramos algunos, aunque merecerían figurar todos, porque ellos no tienen vanidad y no se ofenderán por  su ausencia). Algunos, no vamos a olvidarnos de ellos, llegaron a manos de la Asociación en un estado tan lamentable que no consiguieron recuperarse porque ya no tenían ganas de vivir o porque, luchando aún con sus últimas fuerzas, su deterioro avanzaba irreversiblemente. “Morica” merece tener aquí un homenaje “in memorian” al perro abandonado, noble, que muere solo en la calle sin recibir ayuda de nadie. (“Morica” fue abandonada por su dueño en su misma localidad de residencia -un pueblo perdido de la geografía aragonesa- y murió víctima de un mal parto, dos años después, bajo el árbol donde cada noche excavaba un hoyo que le servía de cama, demasiado lejos de la influencia de  ADPCA para una actuación celérica.).

Lo importante no son sus nombres sino la honda huella que van dejando en nuestros corazones.

El Refugio ha sido también mudo testigo del paso de muchas personas por la Asociación, algunas tristemente ya no están entre nosotros. Personas generosas, entregadas y comprometidas con esta causa que han pasado el testigo a las generaciones siguientes, y su experiencia y sabiduría, en beneficio de la continuidad de la misma. Sería imposible nombrarlas a todas. Están en nuestro recuerdo y han servido de cimientos para que una pequeña semilla fuera fructificando en lo que hoy es ADPCA: socios (incluso los disidentes que cambiaron un día su “nombre de guerra” pero no la causa), voluntarios, simpatizantes, trabajadores, cargos directivos,...

Nuestro agradecimiento aunque no lo necesiten, porque sabemos que su mayor recompensa siempre fue recoger y asistir a un animal abandonado y conseguir una adopción aceptable para uno de ellos.

Que una entidad benéfica y sin ánimo de lucro con el solo objetivo de proteger a los animales abandonados perdure tanto tiempo contra viento y marea, salvando continuos obstáculos (crisis económicas, divergencias políticas en la directiva, falta de instrumentos legislativos eficaces para fomentar la protección animal, ausencia de reconocimiento oficial suficiente e indiferencia social) y la continua y creciente demanda ciudadana que viene solicitando desde hace tiempo nuestros “servicios” (recogida, recuperación y alojamiento indefinido de animales abandonados; adopciones dentro y fuera de España; prestación de voluntariado; información general sobre tenencia de animales de compañía y casos de malos tratos; campañas de sensibilización social en materia de protección y respeto a los animales a través de mesas informativas en eventos culturales varios; charlas en colegios; colaboración con las autoridades locales y autonómicas en la redacción de los instrumentos legislativos y reglamentarios necesarios en materia de protección y defensa animal y en cualquier otro tipo de actuación requerida....) dan una idea de la importancia de nuestra labor y de su necesaria continuidad.

Porque durante muchos años, y a falta de firmes soportes legales adecuados y suficientes, hemos tenido que batallar apelando exclusivamente a la conciencia humana, confiamos en que, con el tiempo, estos avatares se vean suavizados por la moderna mentalidad de las generaciones venideras, más cultas y civilizadas y de horizontes más amplios – porque como dijo el gran Ghandi  “la cultura de un pueblo se mide por el trato que ofrece a los animales” - y también por la ley aragonesa de protección animal que debe madurar y habilitar los recursos administrativos necesarios para convertirse en un instrumento realmente eficaz y acorde con la nueva concepción animalista de la sociedad en que vivimos.

Nosotros, seguiremos removiendo conciencias, invitando a cuestionar mentalidades retrógradas, estancadas en otro tiempo, que ven a los animales como mero objeto de uso, incapaces de sufrir, y carentes de sentimientos. Tarea para la que, sin duda, no nos faltarán fuerzas.

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